Desde que salió a la venta Red Dead Redemption 2 la red no ha parado de elogiar el que muchos tildan de uno de los mejores juegos ya no solo de este 2018, sino de toda de la generación. Palabras mayores teniendo en cuenta lo que hay por ahí.

En Sonyers seguimos trabajando en el análisis, pero quería ofrecer unas líneas en la experiencia que llevo con el juego, reconociendo que aún no me lo he pasado al 100% aunque sí que llevo ya un número de horas importante.

Red Dead Redemption 2: Un leeento arranque

Podría hablar maravillas del juego, pues el sandbox de Rockstar tiene tanto bueno que ofrecer, tantos detalles que lo hacen único, que no me extraña que haya recibido tantas notas perfectas, tantos dieces, y no voy a entrar a valorar si lo merece o no, tal vez nosotros también lo puntuemos así, tal vez no.

Pero me quiero centrar en un par de aspectos que no me han gustado del juego, quizás para ir a contracorriente de toda esa ola de halagos a un título que tiene sus defectos y creo que muchos analistas los han obviado, maravillados – o tal vez cegados – por la brillantez de sus atardeceres, por esos momentos únicos que nos puede ofrecer el personaje más inesperado.

El primero es el arranque del juego. Es lentísimo. No entiendo muy bien la manía que les está dando ahora a los estudios por ofrecernos arranques tan lentos y tan aburridos, y no hablamos de media hora lenta con un tutorial camuflado, no, hablo de 5-6 horas, una barbaridad que hace que incluso mucha gente con poca paciencia saque el juego de su PS4 y vaya a la tienda a descambiarlo. Habrá poco casos así, o eso espero, pero seguro que alguno que otro.

El arranque de RDR2 es excesivamente lento, algo que ya me pasó también en Assassin’s Creed Odyssey, que hasta que no llevas un buen número de horas no empiezas a disfrutarlo de verdad, y aunque en su análisis no le di demasiada importancia ahora me encuentro que Rockstar vuelve a tardar demasiado en mostrar todas sus cartas.

Habrá a quien no le importe esto, pero me encantan los juegos que empiezan fuerte, como los Uncharted – Naughty Dog es una maestra en esto – y creo que Rockstar podía haber ofrecido más intensidad en el arranque del juego.

Personajes lentos y con muy poca Euphoria

Otro aspecto que nunca me ha gustado demasiado de los últimos juegos de Rockstar ha sido el movimiento de los personajes. Desde GTA IV ya tuve que sufrir unas animaciones que en algunos momentos sí lucían espectaculares por su sistema de físicas – brillante cuando un cuerpo se sujeta en el techo del coche y es balanceado, por ejemplo – pero con una movilidad que tarda demasiado en responder a los mandos. Culpa del famoso motor de animaciones/físicas Euphoria.

GTA V volvía a repetir un esquema similar, pero lo dejé pasar pensando que en esta generación Rockstar podía ofrecernos por fin unos personajes con una movilidad digna… me equivoqué.

Cuando controlé por primera vez a mi amigo Arthur Morgan ya comprobé que de nuevo la Euphoria tenía que rebajarse porque volvíamos a tener que “pegarnos” con el control. En uno de los análisis que leí del juego trataban esto de pasada mencionando un sistema de coberturas algo deficiente, pero como podemos usar el Dead Eye y tampoco hay tantos tiroteos no molestaba mucho.

Y es verdad, uno aprende a acostumbrarse a estos controles, a la lentitud del personaje, que no puede correr en el campamento y parece que le cuesta moverse en cualquier otro sitio. Tal vez Rockstar podía habernos presentado a un personaje protagonista 20 años mayor, o tal vez Morgan lleve ya demasiados rodeos a sus espaldas.

Defectos que no tapan la grandeza

Como digo, y quiero volver a recalcarlo, son dos aspectos del juego que no me gustan y quería hablar de ellos aquí, pero eso no significa que Red Dead Redemption 2 me parezca magnífico, uno de esos títulos que aportan madurez al medio y que dejan marca en el jugador.

Tal solo quería mencionarlos porque a veces cuando un juego ofrece tanta brillantez nos cegamos por ella y nos olvidamos de hablar de lo malo. No creo que a nadie que haya probado el juego le importaría que el protagonista se moviese con la agilidad de Aloy, Nathan Drake o Alexios/Kassandra de AC: Odyssey, y no hablo de escalar paredes o saltar entre edificios, sino de girarse, andar y correr.

En fin, me voy a seguir jugando a Red Dead Redemption 2, me quedan osos que cazar, trenes que capturar y damiselas en apuros que salvar. Además ya casi me he acostumbrado a los controles y he dejado atrás su lento inicio… y de paso me he desahogado aquí.

Que este texto no os quite las ganas de probar RDR 2, porque os perderíais sin duda a uno de los mejores del catálogo de PS4.