Este pasado verano he cumplido cuarenta tacos. Cuando tenía veinte pensaba que esto de los videojuegos era de chavales jóvenes. Bueno, de hecho lo era. Por aquel entonces, sólo los más veteranos frikis de Space Invaders y demás glorias prehistóricas seguían jugando a los cuarenta.

Pero hete aquí que pasan los años, vamos creciendo y, de pronto, uno se pregunta: “¿por qué va a dejar de gustarme esto?” Así que aquí estamos, en un siglo XXI bien entradito donde los aficionados de treinta y cuarenta largos son no sólo normales, sino incluso probablemente más numerosos que los veinteañeros.

Dicen que los veteranos estamos viviendo una edad de oro. La vuelta al rollo retro de los 80 y electrónico de los 90 se debe, en buena medida, a que gente de mi generación es la que ahora ocupa puestos de influencia en empresas, productoras, medios, etc.

De un tiempo a esta parte me he preguntado cómo nos verán los más jóvenes. A mis veinte, ya os digo, un tío de cuarenta y tantos era por lo general un señor que no sabía nada de videojuegos ni ya puestos de tecnología en general. Era otra generación, y cantaba a la legua.

Supongo que ahora no es el caso. Si yo volviera a tener veinte, imagino que vería a los mayores como peña que habla de consolas antiquísimas donde había algo llamado sprites, pero definitivamente sabría apreciar también su experiencia en el mundillo. Somos quienes vimos nacer a Mario señores, a Sonic, a la Srta. Croft, y sagas como Metal Gear (el de MSX) y hasta Final Fantasy, por no decir clásicos más recientes como Resident Evil o Tekken. Y aunque algunos de estos bombazos me pillaron incluso a mí siendo bastante pequeño, los recuerdo perfectamente.

Entonces, como decía, ves que vas cumpliendo años y te siguen molando los juegos. Miras a tu alrededor y ves a gente de tu quinta igualmente aficionada; y es entonces cuando entiendes que esto nunca fue una afición de chavales, como nuestros padres intentaban vendernos. Esto es una afición relativamente nueva que nos ha ido acompañando a medida que crecíamos.

Por consiguiente, no es de extrañar que en el futuro los geriátricos estén llenos de consolas y ordenadores, en vez de tableros de ajedrez, dominós y juegos de la petanca. Me imagino residencias incluso con juegos de rol, trading card games y demás aficiones frikis de quienes fueron niños y ahora peinan unas cuantas canas. Quiero pensar que esto será bueno, que seremos unos ancianos más activos.

En fin, volvamos al presente. Algo que ocurre cuando vas cumpliendo años es que, sin perder la afición, sí pierdes esa maravillosa capacidad para sorprenderte ante casi cualquier novedad. De niños e incluso adolescentes, podría decirse que seguimos descubriendo cosas, y eso incluye los videojuegos: nuevos géneros, nuevos estilos, algo nunca visto, o sencillamente algo de lo que aún no te has cansado.

Con el paso del tiempo, sin embargo, empiezas a tener según qué cosas muy vistas. Es muy difícil sorprenderse, y ésa es una sensación que se echa mucho de menos. Seguramente, si a día de hoy jugara por primera vez a títulos que en su día me fascinaron, ya no causarían en mí el mismo efecto. Por eso valoras especialmente lo que a pesar de todo consigue sorprenderte, lo inesperado.

Lo último que me ha transmitido esa sensación de “magia” es la realidad virtual. Me frustraba mucho leer en los foros a haters temerosos de que sus consolas se vieran en entredicho por culpa de esta nueva tecnología. La solución para ellos fue un ataque sistemático y mezquino a lo que, con un poco de suerte, todos tendremos en casa el día de mañana, cuando estos insensatos se arrepientan de todas las chorradas que decían y alucinen en colores.

Lo confieso. Hoy por hoy sueño con juegos triples A en la realidad virtual de una PlayStation 5, con unas PSVR 2 a 4K, más ligeras y sin cables. El potencial es tan inmenso que, ya os digo, ahora mismo es lo que más despierta mi interés y mi ilusión, a pesar de estar ya tristemente acostumbrado al lentísimo arranque de todo este asunto. He hablado con muchos usuarios que sienten lo mismo: “me devuelve a mi niñez” es una frase muy típica entre los usuarios de realidad virtual.

Eso sí, mientras llega o no llega ese futuro utópico, desde luego no pienso renunciar a los juegos tradicionales en las pantallas de toda la vida. Que no me sorprendan como antes no quiere decir que hayan dejado de gustarme, igual que no hemos dejado de ver películas por muy trilladas que estén.

Dicho lo cual, es hora de despedirme por hoy señores. Espero poder seguir compartiendo con vosotros esta genial afición en Sonyers, porque ya sabéis que sonyers are gamers 😉