Bienvenidos a Chicago, no asomen sus móviles por la ventanilla. Gracias.

Libertad total y gráficos de infarto para el primer verdadero juego next-gen, era lo que Ubisoft prometía. Un sandbox bien cuidado y mucho ciberespionaje es lo que nos han ofrecido. ¿Cuánto se ha cumplido finalmente?

El ser humano es cotilla por naturaleza. Disfrutamos con la prensa rosa, la amarilla e incluso con la arcoíris. Somos mayoritariamente marujos, no lo neguemos; incluso los jugones más hardocore. Si alguno lo dudaba, Watch Dogs se encarga de recordárnoslo. Y es que la obra del estudio francés es toda una declaración al vouyerismo.

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Estamos ante un juego de mundo abierto que cumple a rajatabla con las bases del género, para lo positivo y negativo, pero que halla en la mecánica del hackeo con el móvil cotas de realismo que le permiten diferenciarse de sus rivales. ¿Quién no se ha preguntado a qué dedicaban su vida los viandantes del Grand Theft Auto? ¿O cuánto cobraría un matón del Saints Row? ¿Y qué hay de los gustos fetichistas de los vecinos de Empire City en Infamous? Pues gracias al móvil de nuestro prota, podremos hacernos una idea. A través de los dispositivos tecnológicos de Aiden Pearce conoceremos las profesiones, sueldos e incluso hobbies de cada ciudadano de Chicago, lo cual nos llevará a momentos que van de lo anecdótico al más puro surrealismo, mientras desarrollamos nuestra vena oculta dedicada al interés por la intimidad ajena.

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El gran problema del Watch Dogs reside en que más allá de la novedad que supone el uso del celular para espiar a la población y alterar espacios urbanos de la ciudad en nuestro beneficio como pueden ser semáforos, puentes o bolardos; casi todo lo demás que ofrece ya está muy visto o no da la talla. El juego se divide básicamente en fases de acción a pie y persecuciones en vehículos aderezadas ambas con puzles de lógica visual. Las misiones en las que nos encargan trabajos a patita pueden variar entre el sigilo puro (nada que Snake, Sam Fischer o el Agente 47 no realicen con más soltura) a los tiroteos más salvajes. Un problema en estas últimas es utilizar el estilo de juego “Rambo”, porque nuestro prota más que aguantar unos cuantos balazos parece que muere si le soplan a unos metros, siendo pues recomendable buscar coberturas y reventar objetos del escenario usando el móvil. En cuanto a las fases de conducción, no se puede dudar de que tener toda una ciudad para hacer el canelo siempre mola, pero se ven lastradas por unas físicas de vehículos nefastas. Algunos coches parecen pesar en exceso, otros ser livianos como una hoja, pero casi todos derrapan como si el asfalto de Chicago fuese una pista de hielo continua. Hay variedad de modelos e incluso motos que, pese a no tener licencias, se parecen a modelos reales pero carecen todos de la pura satisfacción que daría manejarlos.

Un lugar tan cosmopolita tiene que ofrecer algo más que una historia principal de traición y venganza. Y así es. Hay misiones secundarias y minijuegos por doquier. Desde carreras, juegos de azar, ajedrez e incluso duelos alcohólicos; el mapa está salpicado por tareas alternativas. El mayor problema es que la mayoría dejan una sensación repetitiva y el único incentivo de completarlas es ayudar a mejorar al personaje mediante un árbol de habilidades no especialmente trabajado.

Los puntos negativos y los errores jugables no pueden empañar que la ciudad está recreada de maravilla. Y es que aparte de que parece que esté viva por la cantidad de gente y autos que por ella divagan, los acabados de los edificios, momumentos y demás construcciones son variadas y dignas de admirar. Se nota un mimo excepcional de los desarrolladores, que han insertado gran parte de los lugares más famosos de Chicago recreados fidedignamente y aderezado con variedad de tiendas y lugares par visitar. Repámpanos, tengo la sensación de que si ahora me sueltan en la ciudad norteamericana (con un paracaídas, a ser posible) podría desenvolverme perfectamente y no perderme entre ghettos o distritos financieros; ¡y todo gracias al tour virtual de Aiden Pearce!

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¿Cómo suena una urbe digital? Pues basándonos en este juego, de maravilla. Y es que se ha realizado una labor encomiable de doblaje al español y tanto los diálogos de los personajes principales, como las charlas entre gente que está esperando un bus o tomando un cafecito están localizadas en la lengua de Cervantes. No hay casi errores de traducción y además las voces son excepcionales. Lo mismo se podría decir de los efectos sonoros que salpican el producto, bien sean explosiones o sonidos más cotidianos. La cruz en este apartado la pone una banda sonora algo escasa, con algunas canciones de grupos de renombre, pero con una mayoría de pistas poco atractivas. Quizás para los oídos con gustos musicales más alternativos pueda triunfar, pero a un humilde servidor no le saquéis del “Greatest hits” de Britney, que se pierde.

Finalizamos aquí nuestro viaje al Chicago digital. Se nota que Ubisoft ha dedicado mucho tiempo, esfuerzo y seguramente un pastizal en este juego, pero el producto final no está a la altura para destronar al gran rey de los juegos de mundo abierto. ¿Podría temblar el GTA ante un Watchdogs 2? Quién sabe… toca esperar y ver cuanto humo nos vende el estudio francés para entonces.

JUGABILIDAD: 6. Misiones principales y secundarias algo repetitivas y anodinas que además se ven lastradas por un control de vehículos deficiente. Casi todo ya lo habíamos visto antes. Eso sí, pulular por las calles es un primor.

GRAFICOS: 8. La ciudad se ve de fábula. Se siente y casi se palpa. los personajes están modelados correctamente y los efectos de luz son muy realistas.

SONIDO: 7. Un doblaje y unos efectos sonoros a la altura de los mejores productos audiovisuales. Lástima que la banda sonora no sea más variada

DURACIÓN: 7: La historia da para unas 15 o 20 horas. Si además tenéis paciencia para hacer todo lo opcional y los recolectables duplicad esa cifra. Y si para colmo os engancháis a cotillear la vida de los ciudadanos… ¿infinito?