¿Buscando una nueva aventura que te atrape durante unos buenos días? Entonces estás en el sitio adecuado, pues te vamos a hablar del recién estrenado en PlayStation 4, Ghost of a Tale. Se trata de un juego de rol y acción independiente, pero que poco tiene que envidiar a las grandes producciones.

Nos llega de la mano del estudio SeithCG, que es tan indie que está compuesto por una persona, su fundador Lionel “Seith” Gallat, quien es también creador del juego, aunque ha contado con la ayuda de otros expertos para crear su primer videojuego con este estudio.

Ahora, será mejor que penséis a lo pequeño y que dejéis de lado el posible rechazo que os provocan las ratas, pues son las totales protagonistas de esta aventura. Y quizá, después de todo, no las veáis con los mismos ojos que antes.

Tilo y su sigilo

En Ghost of a Tale estaremos en la piel de Tilo, un pequeño ratón que ha sido encarcelado. Tilo es un bardo acompañado siempre por su laúd y que tiene una misión muy clara: escapar de esas paredes y rejas que lo aprisionan y encontrar a su amada esposa, Merra. Esta será la premisa con la que comenzamos, aunque al minuto siguiente ya estamos fuera de nuestra celda comenzando nuestra andadura por la prisión y todas las zonas y espacios que esconde.

Y comienzo hablando del juego sobre un aspecto malo. Su historia, aunque prometedora, se queda bastante simple en el transcurso de la aventura, con un final muy poco satisfactorio para todas las pericias por las que nos hace pasar. No contaré nada, obviamente, pero me habría gustado una historia que según avanzase me hiciera tener ganas de seguir jugando, y eso no ha pasado.

Desde el comienzo, el sigilo es uno de los elementos principales del juego. Los guardias estarán atentos a cualquier preso que busque escapar, y no dudarán en zurrarnos en cuanto se den cuenta de nuestra presencia fuera de la celda. De este modo, la única manera que tenemos de avanzar por los pasillos, salas y zonas será en silencio, haciendo un valiente sprint o escondiéndonos en lugares hechos para ello. Por suerte, para lograr escabullirnos con éxito tendremos a nuestra disposición una variedad de técnicas.

El arte de escapar de prisión

Para empezar, a lo largo de todo el juego podemos encontrar armarios, barriles, baúles y demás lugares donde, gracias a nuestro pequeño tamaño, podremos escondernos y despistar al enemigo si ya nos está persiguiendo. Además, estos lugares servirán también de zonas de guardado, pues solo en los sitios seguros podremos guardar la partida.

Por otro lado, Tilo es un ratón muy sigiloso y es capaz de moverse lentamente para pasar junto a los guardias. Así, manteniendo pulsado un botón, andaremos más despacio y con cuidado para pasar con éxito por ciertos sitios.

De la misma manera, si nos falta paciencia o queremos avanzar de manera más rápida aunque más arriesgada, también tendremos la opción de correr. Aunque esto es más útil para cuando nos han detectado y hay que escapar. Y claro, habrá que estar bien atentos, porque tendremos una energía limitada para correr. Esto significa que si la gastamos sin cuidado y nos detectan, quizá no seamos capaces de escapar del enemigo por falta de energía.

Aunque también hay que decir que en el sentido de la IA que controla a los guardias, la cosa deja mucho que desear. Para que una rata vigilante empiece a perseguirnos, tendrá que llenarse un pequeño medidor, lo que nos da una pequeña ventaja. Para que el medidor baje y estemos seguros, tan solo tendremos que quitarnos de su vista. Y es aquí y en la parte de escapar cuando ya nos han visto cuando la IA flojea más, pues es fácil despistarla. De esta manera, los enemigos no suponen prácticamente ningún peligro y casi más un estorbo.

También podremos plantarlos cara, y para ellos usaremos objetos que encontramos por los diferentes lugares. Palos y botellas vacías son algunos de los objetos que podremos usar para noquear al enemigo. Esto también tiene su miga, pues un enemigo normal se puede derribar con una botella, pero un enemigo con casco será inmune y tendremos que encontrar otro objeto que funcione.

El apuntado para tirar objetos es una mirilla situada siempre en la pantalla, de modo que para lanzar algo solo hay que presionar un botón, nada de apuntar nosotros manualmente. Podemos pensar que esto hace las cosas más cómodas, pero lo cierto es que puede resultar algo ineficaz y yo habría preferido un sistema de apuntado manual. Eso sí, podemos activar el autoapuntado para que sea más sencillo, pero tampoco es algo muy fiable ya que a veces, por alguna razón, no se acierta a dar donde apunta.

Cómo se siente estar en la piel de un pequeño ratón

Tendremos a nuestra disposición siempre un menú donde ver los objetos recogidos, la comida (porque nuestra vida también será algo a lo que estar atentos y se recuperará comiendo), atuendos (que nos dan diferentes ventajas de sigilo, velocidad, etc.), llaves y más. Pero desde el juego podremos cambiar fácilmente de objeto a utilizar, así como guardarlo o sacarlo con la cruceta. Muy accesible y cómodo.

Ya hemos hablado de los botones para ir en sigilo, correr, cambiar de objeto y más, así que hablaré de cómo se controla el juego en general. Al principio, puede resultar un poco lioso tanto botón y confundir cuál hace cada cosa. Pero es solo cuestión de tiempo y al poco rato nos habremos hecho a ello.

¡Hola Tilo!

La cámara funciona generalmente bien, aunque habría que darle un par de vueltas. Por ejemplo, en una situación huyendo de un enemigo, nos escondemos en un armario. En ese caso, nos interesa ver cuándo el enemigo se va para poder salir. Pero cuando nos escondemos, la cámara se queda mirando hacia el armario, y si queremos tendremos que girarla nosotros. Un pequeño cambio para que en esos momentos se girase sola no estaría nada mal, ya que mirar a una pared nos sirve de poco.

Un pequeño mundo lleno de secretos

Otro punto muy importante en Ghost of a Tale son las puertas. El mapa del juego en sí no es muy extenso. Sí presenta diferentes zonas que lo amplían cada vez más, descubiertas tras puertas, pero al final acaba siendo siempre lo mismo.

De esta manera, aunque no nos movamos de las zonas que nos conoceremos de memoria, cada vez descubriremos sitios nuevos mediante la recogida de llaves y el acceso por las puertas. Eso sí, tras las diferentes misiones que nos tocan y nos hacen dar mil vueltas, el mapa se nos llega a quedar pequeño y al final se hace tedioso recorrer siempre lo mismo en una vuelta e ida constante.

Aunque tendremos mapas que encontrar para echar un vistazo a dónde estamos, tampoco es que sea muy útil: no permite verlo en 3D, ni añadir marcadores, ni hay minimapa para orientarnos más fácilmente.

Un indie que lo delata una variedad de cosas sin pulir

Al pensar en un juego indie, lo primero que se nos viene a la mente es que quizá no esté a la altura de las grandes superproducciones. Sin embargo, Ghost of a Tale no ofrece esa idea para nada. Y es que seguro que más de uno se ha dado cuenta a estas alturas que los gráficos del juego no son para nada “indies”. Y es que esta es una de las cosas que más sorprende del juego: su alta calidad gráfica.

Tanto personajes como entornos (sobretodo esto último) sobresalen por una belleza muy detallada que no esperaríamos de un juego desarrollado por un buen puñado de personas. Esto se realza gracias al ciclo día/noche que incluye y que nos deja con variada iluminación para cada escenario.

Y para que disfrutemos más del bello mundo del juego, tenemos a nuestra disposición un Modo Foto. No tiene filtros ni pegatinas, marcos y demás, funciona con un zoom y un enfoque/desenfoque que nos permitirá sacar fotos verdaderamente maravillosas.

Por otro lado, sacando pegas, podemos encontrar varios bugs en general. En el personaje, la animación a veces juega malas pasadas, y el entorno sufre desajustes raros también. Por ejemplo, camina por un “suelo” invisible, quedar atascados en rocas, y muchas más cosas. Y todo esto lo único que hace es dar la sensación de que es un juego sin terminar, sin pulir. Y es uno de sus grandes defectos.

En su otro aspecto técnico, el de la banda sonora y música, la cosa queda un poco atrás. Al ser un juego de sigilo, los pequeños sonidos como pasos o ruido del metal de las armaduras nos resultan muy útiles. Pero para que destaquen, la banda sonora ha quedado tan relegada que es solo muy de tanto en tanto cuando hace presencia.

Eso sí, como buen bardo que es Tilo, tiene su repertorio de canciones que tendremos oportunidad de tocar alguna vez. En este aspecto, hay que dar un aplauso aparte a su creador pero también a su traductor, ya que llegan totalmente en castellano y sin perder esa personalidad propia que tiene cada una.

Otra cosa positiva es su duración, aunque en este caso que sea tan larga puede ser también algo malo. A mí, completar la primera partida me ha llevado nada menos que 10 horas. Hay, en total 57 misiones, aunque muchas más de la mitad son obligatorias para avanzar. Teniendo en cuenta lo pequeño que es el mapa, el resto de misiones secundarias no llevarán mucho más completarlas, tres horas a lo sumo.

Las misiones no son difíciles. Pero lo negativo es que, precisamente, siendo sencillas y obligándonos siempre a vagar por el mismo mapa, todo se hace muy repetitivo y cansino. No hay viajes rápidos, todo es a pie. Y las misiones nos mandarán de una esquina a otra constantemente. Sí, es tiempo de juego, pero llega a resultar pesado al final.

Conclusión

Con Ghost of a Tale tengo sensaciones contradictorias. Para mí, ha resultado ser un juego interesante por su mecánica y por diferentes detalles buenos que tiene, como un amplio sistema de atuendos y documentos o unos gráficos sobresalientes con Modo Foto incluido. Pero tras jugarlo al completo, me ha dejado sin ganas, por el momento, de volver a su mundo. Me han quemado mucho las misiones repetitivas, y la historia ha sido de lo más descafeinada. Y lo peor de todo es que ha llegado un producto al que todavía le quedan muchas mejoras que hacer y arreglos en cosas básicas.

Quizá haya a quien le guste estar de recadero constante en un mundo pequeñito pero que oculta muchos secretos. Si este es el caso, Ghost of a Tale es tu juego, pues completando todas las misiones que hay te pasarás un buen montón de días ocupado. Esto se traduce en una larga duración e incluso rejugabilidad si no has podido completar todo a la primera. Pero, repito, no vengas buscando en este título una aventura sin límites.

Su principal atractivo, que es el sigilo, queda de lado rápidamente en cuanto coges el truco de pasar corriendo por delante de los enemigos, los cuales no son muy avispados. Con esto de lado, toda la atención estaba centrada en la jugabilidad y la historia, y son aspectos que flojean.