Introducción

De cara a analizar este Fist of the North Star, me encuentro en una situación curiosa. Soy bastante aficionado al manga y anime homónimos, pero jamás he jugado a un título de la famosa saga Yakuza, que es en los que está directamente basado el que nos ocupa: Fist of the North Star: Lost Paradise.

Quiero pensar que esto es una ventaja. Por un lado, la familiaridad con Hokuto no Ken me sirve para distinguir personajes, estilos de lucha, situaciones, y disfrutar con todo lo bueno que nos trajo la creación del duo Buronson-Hara. Por otro, el desconocimiento de los Yakuza me enseña unas mecánicas de juego con las que no estoy familiarizado, y por tanto completamente nuevas para mí.

Puestas las cartas sobre la mesa, vamos a adentrarnos en el análisis y ver qué nos ofrece Fist of the North Star: Lost Paradise.

Una historia alternativa

El Puño de la Estrella del Norte ha tenido varias adaptaciones a los videojuegos. La más antigua que yo recuerdo (las habrá más sin duda) es The Last Battle, de Megadrive. Es curioso que la última incursión de Kenshiro en el mundillo venga también de la mano de Sega, esta vez como empresa de software. Ahí siguen al pie del cañón, que no es poco.

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En fin, que me pierdo. El caso es que todos estos juegos eran simples beat’em up o juegos de lucha (hubo uno buenísimo de PS2), y no fue hasta la llegada de los Ken’s Rage para PS3 que vimos una historia bastante desarrollada. Una historia, de hecho, calcada del anime.

Esta vez Ryu ga Gotoku, los desarrolladores, han pensado en ofrecer al ávido jugón una versión alternativa de las aventuras de Kenshiro, que francamente resulta en un pastiche curioso. Está claro que no es tan fácil alterar las obras originales y mantener su nivel de calidad.

El resultado, como ya he dicho, es una mezcolanza donde, por un lado, Ken ya conoce a personajes como Lin o Bat, pero no a otros como Rei o Mamiya. El pasado del protagonista se mantiene fiel al manga: somos el pequeño de los cuatro hermanos Hokuto, el elegido para preservar el linaje de este arte marcial milenario; en esas que Shin, un viejo amigo, nos birla a la novia y a partir de ahí nos moveremos por amor a guantazo limpio mientras despedazamos pandilleros, ¡todo muy romántico!

En lo que dura Fist of the North Star: Lost Paradise se combinan acontecimientos que ya conocemos con otro completamente nuevos, dando como resultado un hilo narrativo bastante original, aunque yo no lo usaría como guion para una película.

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Edén y sus mil caras

Edén es una ciudad a la que no tardaremos en llegar, y será el centro neurálgico de nuestras aventuras. Es un verdadero paraíso, como indica su nombre, ya que en medio del yermo radiactivo tiene agua potable, frutas e incluso bares, un casino y hasta un club nocturno. Es también una ciudad que nunca duerme, con un montón de cosas por hacer.

Algunas de estas cosas están bien, como por ejemplo las luchas de gladiadores, ciertos eventos que tienen lugar por las calles e incluso misiones como jugar al escondite con un niño abandonado. Vale, te lo compro. Pero luego hay minijuegos importados de los Yakuza que no tienen sentido aquí, como hacer de barman, de doctor bailongo y hasta de gerente de un club de alterne… Sí amigos, emparejamos a las “azafatas” con los gañanes según sus gustos, todo muy japonés.

Fist of the North Star: Lost Paradise sabe tomarse a broma a sí mismo, lo cual no es algo necesariamente bueno. Obviamente, estas misiones alternativas constituyen un valor añadido y pretenden ser desenfadadas y divertidas, pero a mí personalmente me chirrían un poco, para qué voy a engañaros. Sirven a un propósito tan de moda en estos tiempos como ofrecer un mundo lo más abierto posible con muchas cosas por hacer.

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En lo personal, considero que limitar el número de misiones alternativas a las más coherentes, a la vez que se hubieran destinado más recursos al desarrollo de la historia principal, habría dado como resultado un mejor juego, ya que no está falto de virtudes.

Por cierto, es menester decir que en Edén vais a poder disfrutar de una sala de arcades con máquinas que iréis encontrando en el desierto, como Out Run o Space Harrier, es decir clasicazos de Sega. Aunque esta idea tampoco pega mucho con el desarrollo de la aventura, lo cierto es que mola un montón y se agradece su incursión. Los distintos títulos retro son por supuesto completamente jugables, como en las recreativas originales.

El buggy de la muerte

Un elemento importante de Fist of the North Star: Lost Paradise es el buggy y nuestras constantes incursiones en el desierto, que en realidad constituyen casi un juego aparte.

La idea es buena y completamente fiel al manga original, permitiéndonos recorrer el yermo mientras esquivamos (o hacemos frente) a caravanas de malhechores a lo Mad Max. Podemos encontrar diferentes puntos para repostar, algunos pequeños poblados y ciertos desafíos, pero no tardas en entender que este gran desierto está más bien vacío y que no hay nada en el mapeado siquiera parecido a Edén, con toda su ambientación.

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Eso sí, las carreras son un importante valor añadido, y funcionan de hecho mejor que los simples traslados de un punto a otro. Es posible competir en un buen número de circuitos para obtener premios, además de personalizar nuestro vehículo con piezas encontradas por ahí, muchas de las cuales tendrán que ser reparadas antes. Con el tiempo iremos a bordo de un mini-tanque súper hortera y molón.

Hokuto Shinken

En lo jugable, Fist of the North Star: Lost Paradise supera a cualquier otro beat’em up de la saga. Mientras que los Ken’s Rage eran en realidad musous, aquí nos enfrentamos igualmente a decenas de enemigos, pero con un estilo más jugable y menos limitado a aporrear botones mientras hacemos picadillo a enemigos completamente anodinos. De hecho, si subimos la dificultad vamos a tener que ser verdaderos maestros del Hokuto Shinken para salir al paso y eso, amigos míos, es un puntazo.

Los estilos de lucha están muy bien definidos, tanto el nuestro como las 108 variantes del Nanto Seiken (las que se ven, se entiende). El juego además introduce un estilo nuevo en la forma del Meito Kieiken, que parece una combinación de los otros dos.

Podemos jugar en plan tradicional, a base de golpear a nuestros enemigos, o podemos utilizar las técnicas secretas del Hokuto Shinken para presionar sus puntos ki, chi o lo que sea, haciéndolos explotar literalmente. Esto, que no dejan de ser brevísimas secuencias QTE, podría parecer que sacrifica el dinamismo de los combates, pero es demasiado flipado de ver como para cansarse. No sólo eso: en las luchas contra los bosses, si conseguimos ejecutar uno de estos movimientos secretos, vamos a sentirnos como unos verdaderos artistas marciales.

Fist of the North Star: Lost Paradise es violento, muy violento de hecho. Para quien conozca la obra original del tandem Buronson-Hara, esto era inevitable. Los profanos tal vez se echen las manos a la cabeza. Sea como sea, en estos tiempos de correctismo político parece que los japoneses no encuentran problema en traer litros de sangre a nuestras pantallas y, francamente, yo lo agradezco porque forma parte de la identidad de esta saga tan ochentera.

Al juego se le puede echar en cara, tal vez, que los combates están demasiado interrumpidos por los eventos de la historia, cortando en parte el ritmo. No es sino hacia el final de la misma, en la décima fase de las once disponibles, cuando entramos en un meapeado bastante grande donde liarnos a mamporros durante un buen rato, y la verdad es que funciona muy bien. Es una pena (y bastante incomprensible) que no hayan implementado esta dinámica en otros puntos del título.

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Haciendo referencia al sistema de combate, no debemos olvidar el árbol de habilidades, que en este caso se divide en cuatro tipos, cada uno con sus propios potenciadores y mejoras. En este sentido el equipo de Ruy ga Gotoku se lo ha currado un montón: desbloqueas nuevos movimientos y maniobras y, cuando quieres darte cuenta, ya los estás ejecutando de forma natural. Por algo eres el heredero del Hokuto Shinken, ¿no?

Personajes y entornos

Entrando en el apartado gráfico, es de recibo alabar el aspecto de los protagonistas, ya que todos ellos son muy fieles al estilo original de Tetsuo Hara, con esas corpachones y esas cabezas relativamente pequeñas tan característicos.

Fist of the North Star: Lost Paradise hace uso del cel shading para enfatizar el estilo manga, cosa que logra. Además, no hablamos sólo de fidelidad, sino también de un muy buen acabado de los personajes principales. Los secundarios no lucen tanto, pero tampoco están nada mal (salvo ese pelo…); además es destacable el gran número de ellos que aparecen en la ciudad de Edén, transmitiendo una sensación de auténtico bullicio, todo corriendo a 60fps sólidos como una roca.

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Por desgracia, la calidad de los escenarios no raya al mismo nivel. Mientras que algunos elementos están francamente bien hechos, sobre todo en Edén, da toda la sensación de que otros se han realizado deprisa y corriendo, y es una pena la verdad, porque es algo que se nota. Particularmente los entornos abiertos por donde nos desplazamos en el buggy presentan algunas deficiencias gráficas bastante notables y, lo que es peor, perfectamente subsanables.

¡Atatata!

El apartado sonoro de Fist of the North Star: Lost Paradise es sin duda uno de sus puntos fuertes. En los desplazamientos a bordo del buggy podemos escuchar diversas músicas a voluntad, que además se van desbloqueando a medida que encontramos nuevas casettes. Sí, vuelve aquí la musiquilla de Out Run, pero en un coche polvoriento mientras esquivas a villanos con cresta. ¿No es genial? A eso hay que añadir las melodías de la clínica en el minijuego donde ejercemos de médico, que básicamente es el típico de pulsar botones siguiendo el ritmo.

El resto de la aventura no tiene una banda sonora propiamente dicha, salvo en momentos muy puntuales, pero ni falta que hace. Y eso es por los excelentes efectos de sonido, pero sobre todo por las voces en japonés (recomendable) o inglés, eso sí con subtítulos sólo en este idioma. El trabajo de doblaje es de primera, y la voz del narrador pronunciando cada ataque especial con una postura flipada de Kenshiro nos retrotrae al anime con un cuidado y fidelidad muy de agradecer.

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Conclusión

Como veis, en este análisis no he dejado de dar una de cal y otra de arena a Fist of the North Star: Lost Paradise. Y es que definitivamente el título deja un sabor agridulce.

El equipo a cargo del juego ha cuidado mucho algunos detalles, como la fidelidad al diseño original, a los ataques y estilos de lucha, y a los diversos personajes. Además, el sistema de combate funciona muy bien y en determinados momentos nos sentiremos como verdaderos maestros del Hokuto Shinken.

En el término medio está el desarrollo de la historia, que es simplemente discreta (con algunos puntos álgidos) y, de seguirse sin distracciones, podría completarse en unas pocas horas. Además los minijuegos, que vienen a compensar esto, no siempre están todo lo acertados que deberían, aunque es verdad que otros se agradecen y mucho.

En la parte mala tenemos una evidente falta de atención a una serie de detalles por pulir: determinadas físicas del buggy en la conducción, algunos elementos gráficos de los entornos abiertos y en general una serie de cosas que enseguida te hacen pensar que, con un poquito más de interés, habrían podido dar mucho más de sí.

Por tanto nos encontramos ante un juego destinado principalmente a los incondicionales del Puño de la Estrella del Norte, que puede agradar también a los amantes de los beat’em up y las galletas varias. Si por el contrario eres un jugador más volcado en la historia y ambientación, y no digamos si ni siquiera sabes quién es Kenshiro, lo que vas a encontrar aquí es más bien del montón.

Dónde comprarlo