Siempre me pareció que Ubisoft tuvo una magnífica idea cuando creó la saga Assassin’s Creed, una idea de las que llaman multimillonarias, al crear una historia que nos permitiera viajar en el tiempo, retroceder a cualquier época en esta nuestra historia de la humanidad con tantos y tantos grandes momentos.

De esta forma hemos viajado a la Italia renacentista, luchado en las Cruzadas, hemos visto franceses levantando el puño junto a guillotinas y hemos sido testigos de la Revolución Industrial en una Londres inundada de fábricas. Resulta una delicia debatir con Marx, ver la ambición de un joven Napoleón Bonaparte, hablar de estrategias de batalla con George Washington o probar el último invento de Leonardo Da Vinci. Son solo ejemplos de las millones de posibilidades que nos ofrece la saga.

Tras tomarse un (merecido) descanso, Assassin’s Creed Origins dio un gran salto atrás en el tiempo para que disfrutásemos de otra de las épocas más solicitadas, el Egipto de los Faraones, todo un reto que la compañía francesa afrontó con gran acierto, haciendo que la saga se colgase varias capas RPG para parecerse un poco más a The Witcher III, un mundo enorme donde ya no es tan importante escalar edificios y como hacer escalar el nivel de nuestro personaje, además de disfrutar – por fin – de un sistema de lucha algo profundo.

Tras Egipto la siguiente parada lógica era la Grecia Clásica, los templos, los filósofos, una época de ilustración y cruentas guerras. Nos subimos al Animus, ajustamos los cables y pulsamos el botón para viajar al pasado. Veamos si el viaje merece la pena.

Esto… es… Assassin’s Creed Odyssey

Retrocedemos muchos años en el pasado, hasta la Grecia del 431 a. C., y la acción nos sitúa en plena Guerra del Peloponeso, con un imperio Persa en expansión arrasando ciudades, y unos griegos, espartanos y atenienses, resistiendo y contraatacando.

Esta nueva entrega empezará paliando una de sus grandes carencias históricas, la posibilidad de elección, pues hasta el momento éramos testigos pasivos de lo que sucediera a nuestros personajes, pero en Odyssey empezamos ya desde un principio eligiendo el género de nuestro héroe: Kassandra o Alexios, una elección más visual que otra cosa, pues las diferencias en la campaña escojamos a uno o a otro serán mínimas.

El título nos presenta una Odisea y salpica nuestros paladares con el siempre agradable sabor de la aventura, del viaje a lo desconocido y el descubrimiento. Tragedias familiares mezcladas con grandes conflictos políticos, con guerra, con cumplir nuestro deber como espartano o espartana, con una ambientación magnífica donde no faltarán las grandes construcciones de la época, el encuentro de grandes personajes como Sócrates o Pericles, intensos combates históricos en el mar, incluso la batalla de las Termópilas con un Leónidas repartiendo lanzazos por doquier mientras alienta a las tropas… ¡Au! ¡Au! ¡Au!

Había dudas sobre si Ubisoft conseguiría un desarrollo a la altura con un solo año de desarrollo, una vuelta a las entregas anuales después de comprobar lo bien que les había ido con un año extra de trabajo, pero podéis estar tranquilos, aquí se nos presenta un título inmenso, en tamaño y duración, con momentos muy épicos, unos personajes bien trabajados, una ambientación magnífica (de las mejores de la saga), quizás algo de relleno con secundarias aburridas pero tampoco obligatorias para avanzar, incluso algo de trama de la Primera Civilización que gustará a los fans del universo y su trasfondo.

La historia principal puede llevarnos alrededor de 40-45 horas, que es una barbaridad, pero si nos detenemos en todas las misiones secundarias, coleccionables y en mejorar de nivel personaje y equipamiento fácilmente se nos puede ir por encima de las 80-100 horas, y lo más importante, serán 100 horas muy disfrutadas.

Si a esto le sumamos las distintas misiones extras gratuitas que se irán publicando, el ambicioso plan post-lanzamiento con el Pase de Temporada, los retos semanales y demás, nos encontraremos recorriendo – y disfrutando – Grecia durante los próximos meses.

Estamos, sin duda, ante el juego más grande de la saga, algunas secundarias están muy elaboradas, otras son puro relleno artificial, por eso las sensaciones son encontradas, pero nadie podrá decir que no hay trabajo en el juego, aunque tal vez tanto relleno era innecesario.

Decisiones y consecuencias

Como decía, las elecciones llegan por fin a la saga Assassin’s Creed y aunque todavía hay margen de mejora por fin tenemos voz y voto en las acciones de nuestros asesinos.

Contaremos con varias opciones de conversación, la mayoría de veces el listado muestra el texto amarillo para avanzar la charla y otras para ampliar detalles, pero también hay decisiones que influirán en el devenir de los personajes principales y secundarios, una treintena de decisiones clave que incluso generarán finales diferentes (hasta 9).

Como digo hay camino por recorrer, muchas decisiones no aportan mucho, aunque me ha gustado la de poder ligar escogiendo bien las respuestas y complementándolo con alguna que otra misión secundaria. Aunque no hay nada demasiado elaborado y la escena post-ligue es demasiado casta, al menos ofrece variedad y no hay distinción de sexos. Eso, junto con las estatuas “destapadas” trae nuevos aires progresistas a Ubisoft, y lo mismo que les critiqué en su día ahora toca aplaudir.

Jugabilidad clásica y renovada

Assassin’s Creed Odyssey toma prestadas las novedades que pudimos disfrutar en Origins y las mejora. Ya el año pasado vimos que el juego giraba hacia un estilo RPG y en esta entrega se confirma, la mejora del personaje y su nivel serán vitales y tendremos que ser muy conscientes de donde estamos, qué aventuras podemos afrontar y cuáles no.

Esto tiene un peligro, el ritmo. En ocasiones nos encontraremos misiones que nos requieren un nivel 5 puntos superior al que tenemos, y después de varias experiencias enriquecedoras (básicamente acabar agujereado en un par de minutos por muy buen assassin que nos creamos) entenderemos que sin el nivel adecuado es un suicidio afrontarlas. Eso derivará en que durante varios momentos tendremos que “farmear” y no siempre las misiones para subir nivel están trabajadas: Lleva esto a una persona que está a 300 metros, mata a tal persona sin demasiadas explicaciones…

Más allá de esas caídas lógicas de ritmo y del desgaste de una fórmula con encargos poco imaginativos, Assassin’s Creed Odyssey apuesta por una fórmula de libertad casi absoluta, montar en nuestro caballo o nuestro barco y hacer lo que queramos y cuando lo queramos, crearnos nuestra propia aventura y decidir sobre ella.

Esa libertad también podría afectar al ritmo del juego, pero su estructura y la cantidad de misiones y su contexto ayudan a que el conjunto avance la historia, haga que nuestro personaje cambie, conozcamos un poco más sobre ese entramado que se cierne sobre Kassandra o Alexios y nos invita a seguir explorando, a seguir descubriendo y a seguir mejorando nuestro personaje y su equipamiento.

Nuevas posibilidades jugables

Para apoyar esa libertad se ha creado el Modo Exploración, que elimina las ayudas visuales en forma de indicadores para que estemos atentos a las referencias que nos den los personajes. Como es lógico tardaremos más en localizar esa estatua o ese objeto que queda al sur para llegar al punto y seguir con la misión, pero perdernos por un mundo tan rico y lleno de posibilidades donde todo suma experiencia no es nada molesto, más bien lo contrario, y la sensación de “eterno recadero” también se aplaca en parte… por supuesto este modo se puede activar y desactivar desde el menú siempre que queramos.

En cuanto al combate se sigue la línea de Origins donde fijar, esquivar y bloquear seguirán siendo claves, especialmente contra rivales duros, aunque también se añaden nuevas opciones de ataques especiales que se recargan con el tiempo y añaden una capa de profundidad y estrategia interesante.

En esta entrega, aunque exista, no encontramos tanta diferencia de nivel entre los enemigos y nosotros gracias al “auto-level” que adapta la dificultad a nuestro nivel actual, y si queremos practicar el combate existe un nuevo tipo de misiones, las Batallas de Conquista, muy espectaculares por la cantidad de enemigos en pantalla al mismo tiempo aunque para mi gusto se les ha sacado poco jugo, les falta un gran enfrentamiento, alguna cinemática más, que fuera más espectacular y aportase algo más a la historia… y si se hubiesen mejorado las mecánicas de combate y más enemigos nos atacasen a la vez también quedaría mejor.

Otra novedad es el tema de los Mercenarios, enemigos muy poderosos que nos perseguirán por todo el mapa, y que irán aumentando hasta cinco según nuestro grado de notoriedad, pudiendo reducirlos si pagamos un precio. Suponen un extra de variedad a las misiones interesante, nos obligan a estar atentos y su muerte ofrece buenas recompensas, además de ser un incentivo oculto del propio juego para que mantengamos un perfil bajo.

Se les unen los Miembros de Culto, personajes ocultos – un total de 41 – que tendremos que desenmascarar a base de pistas y que también aportarán decenas de horas. Hay más grupos de enemigos, pero no queremos caer en spoilers innecesarios.

Para la progresión el juego consigue alentarnos siempre a ir adquiriendo nivel – hasta 50, aunque con un nivel 40 ya podremos completar su campaña – para mejorar habilidades y mejorar nuestro equipamiento logrando esa espada o esa lanza tan “molona” a la que no hay escudo que se resista. En este sentido tenemos nueve opciones a mejorar, botas, cinturones, armas, petos… así como la famosa Lanza de Leónidas y un árbol de habilidades que irá desbloqueando sus ramas y nos irá ofreciendo nuevas habilidades con las que podremos afrontar con ciertas garantías desafíos que suponen un verdadero reto como los de la Isla de Lesbos.

El sigilo necesita frescura

El sigilo sigue funcionando como siempre, y de nuevo el águila que nos acompaña servirá de “mini-dron” para detectar la posición de los enemigos o el objetivo principal. Me hubiese gustado algún añadido jugable en este apartado, pues creo que un juego de asssassins debería potenciar mucho más el asesinato silencioso y llevamos tiempo con las mismas mecánicas.

Y no todo será matar con nuestras manos (usando lanzas, espadas, hachas y el quizás demasiado poderoso arco), también disfrutaremos de intensas batallas navales que resultan una mezcla de los combates de Origins y la navegación de AC: Black Flag, con la posibilidad de navegar con barcos más grandes, que podremos mejorar y hacer crecer nuestra tripulación, por lo que se le ha dado una importancia mayor para el que guste echarse al mar sin centrar demasiado el juego en este ámbito ni que sea algo obligatorio si no queremos hacerlo.

Además tenemos la búsqueda de tesoros acuáticos, la caza de bestias que podremos derrotar y amaestrar para que nos acompañen un tiempo limitado… decenas y decenas de cosas que hacer, uno de los grandes atractivos de la saga y que vuelve aquí incluso con más fuerza.

Por ponerle un pero, Assassin’s Creed Odyssey sigue teniendo unos enemigos bastante torpes en lo referente a la IA, y aunque la dificultad puede ser elevada y algunos rivales son contundentes, también seguimos viendo unos enemigos que vienen a por nosotros a lo loco, no buscan flanquearnos, no se cubren, a veces ni reaccionan a nuestras flechas, y eso es algo por lo que creo que Ubisoft tendría que dedicar tiempo para futuras ediciones.

Grecia es un espectáculo visual

Se podría pensar, y muchos de hecho lo temieron en su día, que Assassin’s Creed Odyssey fuera un mero skin de Origins con panteones griegos, pero lo cierto es que la nueva entrega de Ubisoft posee una belleza visual impactante y nos regala imágenes de postal que querremos inmortalizar con su modo foto y la opción de compartir de nuestra PS4.

Es cierto que el impacto que supuso el renovado motor gráfico y de iluminación deOrigins se pierde un poco en este Odyssey, pero también el juego, en un vistazo más profundo, cuenta con mayor vegetación, con más elementos, y es capaz de sacar bastante provecho a la potencia extra de PS4 Pro, con una mayor resolución (4K dinámico) y mayor distancia de dibujado, un aprovechamiento más evidente que el que tuvo Origins, y que si ya mezclamos con una buena televisión con HDR resulta toda una gozada.

Ambientarlo en la Grecia clásica también ayuda, y alejarnos del desierto nos ofrece terrenos más verdes y coloridos, zonas más variadas, estatuas y edificaciones de tamaño imponente, y todo eso ayuda a que la estética entre mejor por los ojos y a menudo nos quedemos alucinados con lo que se presenta en pantalla.

Se le puede sacar punta, popping, animaciones erráticas de muchos NPCs cuyas animaciones faciales pierden mucho respecto a los protagonistas y los habituales bugs, tanto de la saga como los propios de mundos abiertos tan enormes, y aun así el conjunto es brillante y no le podemos poner demasiados peros. Tal vez haya que esperar a la nueva generación para que se renueven ciertas animaciones recicladas que afean algo el resultado final, pero como digo sigue siendo bastante impresionante.

Respecto al sonido contamos con una brillante banda sonora, marca de la casa interpretada esta vez por The Flight, que si bien no llega al nivel del mítico Jesper Kyd sí ofrece la ambientación adecuada a través del uso de instrumentos de cuerda y percusión para evocar epopeyas clásicas, donde tampoco faltan los habituales coros y los temas clásicos en momentos puntuales.

También los efectos de sonido son variados y contundentes, algo habitual, igual que el doblaje de altísimo nivel al castellano, con voces importantes como la de Joël Mulachs para Kassandra, voz habitual de Scarlett Johanson, Kate Beckinsale o Jessica Alba, o de Jordi Boixaderas como Leónidas, el actor que pone la voz a Gerard Butler que hace del mismo personaje en la saga 300, y sin ninguna voz que desentone demasiado  (esta vez no hay “famosetes-puro-marketing” con poco bagaje en el doblaje estropeando nada, demos gracias a los Dioses).

Conclusión

Estamos ante el Assassin’s Creed más grande hasta la fecha, y eso en una saga con tanto recorrido, tantos millones de fans y tan altísimos presupuestos son palabras mayores.

Podría pensarse que tras Origins Ubisoft ha querido reutilizar y nos pretende colar un “skin” griego con más de lo mismo, pero después de un magnífico viaje por el Antiguo Egipto pasar a Grecia sienta fenomenal, y nos encontramos una importante variedad de misiones que nos tendrán enganchados durante meses.

Es cierto que algunas secundarias son puro relleno, que el ritmo a veces decae y que el guion no tiene en nivel de otras grandes superproducciones, pero no faltarán los momentos épicos, y muchos de ellos serán decisiones nuestras, algo que le sienta genial a la franquicia y que esperamos se potencie en futuras entregas.

Así que recomiendo a cualquier fan de la saga que visite Grecia, que se pierda entre sus infinitos entornos, desactive las ayudas, se vaya de caza, escale una atalaya, resuelva un puzzle, ayude a un pobre desamparado, asalte un puesto o simplemente se siente a escuchar a Barbabás a bordo de la Adrastea y conozca los secretos de una de las épocas de la historia de la humanidad más apasionantes.

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