Hace tiempo escribí un artículo sobre la situación de PlayStation VR después de ocho meses desde su salida. Entonces dije que en un momento dado habría que volver sobre el tema. Pues bien, ahora que el periférico ya ha cumplido un año y medio de vida, toca hacerlo para intentar sacar alguna conclusión.

Cuando redacté aquel artículo del que os hablo, ya se habían anunciado juegos como Skyrim VR, Doom VFR y Moss, los cuales han resultado ser grandes títulos. Pero también se habían dejado ver The Inpatient y Bravo Team, que prácticamente eran los buques insignia de Sony tras el más que decente Farpoint y han acabado siendo decepcionantes.

Llegados a este punto, creo que uno se puede aventurar a pronosticar no el futuro de la realidad virtual como tecnología, pero sí de PlayStation VR en concreto. ¿Y cómo pinta la cosa?

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PlayStation VR, ¿la envidiada?

Dejad que antes os cuente algo. Cuando yo era un crío y no tenía mucho dinero, que un sistema por el que habías pagado quedara relegado a un segundo plano era algo traumático. Yo sólo lo viví una vez, con la Atari Lynx. Esto es, de hecho, el mayor caldo de cultivo para los haters de este mundillo: chavales que ven pasar juegazos para otras consolas, no se comen un rosco con la suya, se autoengañan y en general acaban exasperados. Ahora lo llaman “soltar bilis”.

Esta reacción se puede ver en todo aquel que se siente amenazado: desde el usuario de PS4 estándar cuando anuncian la Pro hasta el comprador de XBox One al darse cuenta de que apenas tiene exclusivos, pasando por el poseedor de HTC Vive que mira con recelo los juegos de PSVR. Como estos ejemplos he visto varios casos, y muchos más.

Pero los años, amigos míos, templan el carácter. Eso, y que tal vez no te vaya la vida en gastarte 300 euros (aunque duele, ya lo creo). Es entonces cuando puedes ser más ecuánime y analizar tu propia consola de forma objetiva, y en este caso concreto tu flamante periférico, ése que tanto prometía.

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Una mirada hacia el futuro

¿Y cómo es el futuro de PlayStation VR, decía? Pues sin pretender dármelas de adivino, después de un año y medio, que es tiempo de sobra, para mí está muy claro que el panorama es… gris. Ni blanco ni negro, tan sólo gris. Me explico.

Estamos a marzo de 2018 y las grandes compañías siguen sin anunciar títulos para PSVR. Ahí quedó esa joya en forma de Resident Evil 7, a la que luego se uniría Skyrim VR como auténticos triples A. El resto son indies con más o menos acierto, y tiene toda la pinta de que lo seguirán siendo.

Las desarrolladoras de calado no pasan de hacer, en todo caso, lo que se ha llamado experiencias. Incluso la propia Sony ha sacado una demo de The Last Guardian en realidad virtual, cuando ni siquiera es un juego que vaya a salir. En el mundo del cine, las productoras se animan a crear contenidos para esta tecnología, pero seguimos hablando de más experiencias, por no decir experimentos. Es lo que hay amigos, y os recuerdo que PSVR lleva ya un año y medio a la venta.

Volviendo a Sony, su caso es extraño la verdad. Poniéndome en modo egoísta, como usuario de PlayStation VR, ¿por qué la compañía no pone a sus mejores first parties a desarrollar para el periférico? El panorama no podría ser más propenso: Nintendo Switch es una maravilla que, sin embargo, se siente en todo caso como complementaria de PS4; Xbox One nació herida de muerte y así sigue, por mucho que le coloquen una X detrás; y sobre el horizonte hay una nueva tecnología, la realidad virtual, con un potencial tremendo, donde Sony podría adquirir un papel de liderazgo mundial (no es ninguna tontería cuando tienes más de 70 millones de compradores potenciales).

Ahora resulta más claro el esfuerzo de Sony para el lanzamiento de PSVR, con títulos que haciendo retrospectiva fueron mucho mejores de lo que vendría después: Until Dawn: Rush of Blood, RIGS: Mechanized Combat League y hasta PlayStation VR Worlds o Driveclub VR. A partir de ahí, las grandes promesas han resultado en chascos sonados, empezando por el ridículo modo VR para Gran Turismo Sport y siguiendo por los ya mencionados The Inpatient y no digamos Bravo Team. ¿Quién nos dice que esto vaya a cambiar?

Así que, con las grandes compañías apartadas de la realidad virtual y Sony palpando, sin llegar a meter mano en el cotarro, no hace falta ser muy inteligente para saber que el futuro de PlayStation VR no va a ser brillante. Puede que veamos algún indie más de categoría, o tal vez algún desarrollo interno dé la campanada, pero esta tecnología no se va a estandarizar hasta que alguien saque una bomba, y francamente dudo que eso suceda en la presente generación.

Esperando un bombazo

¿Una bomba? Sí amigos, hay potencial de sobra. Todos los que hayáis probado PSVR y más aún sus poseedores, haced un ejercicio de honestidad: imaginad uno de los grandes juegos triple A desarrollado específicamente para la realidad virtual, exprimiendo toda su capacidad, trasladándonos a un mundo increíble… ¡Si es que nadie lo ha hecho! Y repito: el aparato lleva en la calle un año y medio largo. ¿A qué estamos esperando?

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Cuando eso ocurra, cuando haya un juego vende-consolas (en esta ocasión vende-gafas), otro gallo cantará. Mientras tanto, es posible que la base de usuarios de PSVR crezca vegetativamente, y ya veremos si hay unas PlayStation VR 2, presumiblemente con PS5. Espero que entonces tengan presente la realidad virtual para los nuevos desarrollos, aunque sea como un modo alternativo en plan Resident Evil 7.

En definitiva y para concluir, creo que ha llegado el momento de asumir que ésta no será la generación de la llamada VR. Es un primer paso, es una fase necesaria en el desarrollo de una nueva tecnología, y desde luego nos llevaremos algunas maravillas por el camino. Pero tal vez nunca antes en la historia de los videojuegos estuvo tan claro lo que podría ser y por desgracia no se materializa.

Hay una dicho que reza: “no hay nada más tímido que un millón de dólares”. Está claro que nadie quiere ser el primero en arriesgarse, máxime cuando la alternativa es ir a por el dinerito seguro.