Sony y su PS4 ya llevan más de 70 millones de consolas vendidas en todo el mundo, y eso sin contar buena parte de la campaña navideña, así que las expectativas de superar los 80 millones al final del año fiscal (que termina el marzo de 2018) son bastante razonables.

Según las cifras de VGChartz, en el momento en el que escribimos este artículo PS4 tendría 71.8 millones de consolas vendidas frente a los 35.3 millones de Xbox One y los 10.2 millones de Nintendo Switch, o lo que es lo mismo, PS4 dobla las ventas conseguidas por Microsoft y ni la suma de One y Switch se acercan a PS4. Es un hecho, son números.

¿Lo ha hecho tan bien PlayStation? ¿O tal vez haya sido demérito de las demás? Hoy me gustaría hablar sobre ello, y antes de que nadie me pueda tachar de fanático de “la plei” voy a tratar de señalar lo que creo que han hecho mejor y peor las compañías, y por qué creo que unas decisiones y otras han conseguido que PS4 mantenga una distancia tan grande y pocos duden, quedando a estas alturas varios años hasta las próximas consolas, que Sony y PlayStation han ganado esta generación de calle y con bastante comodidad.

Nintendo Switch, otra vez descompasada

Lo primero que quiero hacer es señalar lo evidente, Switch lleva 10.2 millones de consolas vendidas porque salió en marzo de 2017, es decir, que ha logrado un tercio de las ventas de Xbox One en 10 meses mientras que la consola de Microsoft está en el mercado desde hace 49 meses, en noviembre de 2014. Como es lógico, comparar las cifras con Xbox One y PS4 es algo muy relativo, subjetivo o llamadlo como queráis.

Nintendo lleva ya un tiempo alejada de las batallas por el hardware de PlayStation y Xbox, desde Wii se han desmarcado de esa carrera optando por introducir una innovación de hardware (sensor de movimiento en los mandos, un mando pantalla y esta última consola sobremesa-portátil). En muchos debates consoleros incluso se la olvida porque… ¿dónde encaja? ¿Es una consola tardía de esta generación o adelantada a la próxima?

Para no llevar ni un año a la venta tiene unas cifras bastante buenas, y puede presumir de haber situado a dos de sus exclusivos, The Legend of Zelda: Breath of the Wild y Super Mario Odyssey como GOTY 2017 y candidato a GOTY. Es una consola diferente, que hace cosas que ni PS4 ni One pueden hacer, y haber salido con estas máquinas ya asentadas en el mercado la hace ideal para convertirse en “segunda consola”, un complemento para aquellos que ya tengan PS4 o One y busquen algo distinto.

Con Nintendo me pasa una cosa, y es que no tengo clara su estrategia y por lo tanto no puedo criticarla o alabarla. Es decir, si su plan es convertirse en consola secundaria, una amiga de las dos grandes, para mi la compañía nipona lo está haciendo de lujo, además a base de arriesgar tal vez en el futuro saquen algo tan bestial que les sirva no sólo para competir con las demás, incluso para superarlas. Pero si pretenden quitarle el trono a PS4 en esta generación… lo tienen muy difícil.

¿Y por qué? Porque llegan muy tarde a la fiesta, ¿cuántas personas conocéis que se compran la PS4 porque todos sus amigos ya la tienen y así poder jugar con ellos online? Alomejor les atrae el gorro con ojos de Mario, o la idea de Splatoon, pero no tanto como echarse un Battlefront II, unos partidos al FIFA 18 o un duelo por equipos en Call of Duty: WWII. Y ojo, que han conseguido algunos third parties potentes como Rocket League o Minecraft, pero otra vez lo mismo, la mayor comunidad de PS4 hace más atractivo jugar a todo eso en la consola de Sony.

Por eso creo que Switch no supone una verdadera competencia para PS4, claro que le va a restar ventas, ¿pero amenazar su reinado? Hay que ser muy nintendero para creerlo…

Microsoft y su arranque trastabillado

A Xbox One le condenó su mensaje inicial. No lo digo yo, son palabras del mismísimo Phil Harrison, que fuese vicepresidente de Microsoft y co-fundador de PlayStation. Tal vez recordéis los meses previos al lanzamiento de Xbox One, aquel E3 en el que la compañía de Redmond desveló algunas características de su próxima sobremesa que levantaron ampollas y una cantidad de protestas tal que hicieron que Microsoft tuviese que cambiarlas sobre la marcha. Un desastre.

Para mi la primera mala decisión fue lanzar la consola a 500 euros con Kinect obligatorio, dejando la posibilidad a Sony para que lanzase su PS4, con un hardware muy similar, por 400 euros, cuando creo que uno de los aciertos de Xbox 360 respecto a PS3 fue precisamente ese, lanzar una consola más barata en la que los juegos se veían muy parecidos. Si Kinect hubiese marcado las diferencias vale, pero los primeros juegos eran ridículos, y la compañía retiró tan rápido el apoyo que más de un usuario dijo eso de “nunca más”.

No contentos con eso se sacaron de la manga un sistema de préstamo de juegos algo rocambolesco, porque Xbox One inicialmente iba a ser una consola siempre obligada a estar conectada a internet en la que no se permitiría la venta de segunda mano. Aquí conviene rescatar el vídeo troll que lanzó Sony en respuesta para explicar cómo se dejaban juegos en PS4, y que no tiene desperdicio.

Todos estos traspiés hicieron que muchos usuarios optasen por PS4 desde el principio, y así la consola de Sony empezó a coger cierta distancia. Cuando Microsoft se reestructuró y rectificó la batalla estaba más reñida, pero esa ventaja inicial creo que fue determinante.

Xbox One tiene grandes juegos, Halo 5 Guardians, Gears of War 4, Forza Motorsport o el genial Cuphead al que todos miramos con envidia. Pero también creo que su ritmo de exclusivos potentes ha decaído en los últimos años por su dejadez con ciertos estudios. Por ejemplo Quantum Break para muchos fue un fiasco y Remedy – creadores también de Alan Wake – acabó tan descontenta con Microsoft que su próximo juego llegará también a PS4. O Lionhead, un estudio muy valioso responsable de la saga Fable que tuvo que cerrar en abril de 2016. Y qué decir de la gran RARE… con lo que ha sido…

Este 2017 creo que ha sido un año determinante, y ya comentamos en este artículo que las diferencias de exclusivos en la primera mitad del año eran exageradas, 12 juegos de PS4 (con joyas como Horizon Zero Dawn, NieR Automata, NioH o Persona 5) frente a un único juego de Xbox One, Halo Wars 2. Pero el resto del año tampoco fue mucho mejor para One, centrada en Xbox One X sólo Cuphead y Forza 7 destacaron mientras PS4 seguía recibiendo calidad con Gran Turismo Sport, Hellblade: Senua’s Sacrifice o Uncharted: El Legado Perdido. El retraso de Crackdown 3, las dudas de Sea of Thieves y la cancelación de Scalebound también hicieron daño y mermaron las ventas de una Microsoft demasiado centrada en “su bestia”.

Porque llego a la parte final de mi análisis de Microsoft, Xbox One X, la consola True 4K, una bestia parda, algunos creen que en la NASA están desmontando superordenadores para sustituirlos por esta obra de orfebrería. Microsoft llega con un año de retraso respecto a PS4 Pro para lanzar una máquina de 500 euros sin apenas juegos cuyas diferencias en la mayoría de casos respecto a Pro – 200 euros más barata – hay que apreciarlas con cámara superlenta y ojo de halcón. Bravo.

Creo que Xbox One X es el último error de Microsoft en esta generación, una consola que tal vez con un año de espera y presentada como de siguiente generación hubiese tenido más impacto, pero que se va a ver muy lastrada por Xbox One S y la propia PS4 Pro. A PlayStation se la combate con buenos juegos, y el horizonte de Xbox One no se presenta demasiado alentador. Microsoft ha perdido mucho mercado, incluso el americano que con 360 era terreno vedado para PS3. En España Microsoft es una sombra, sólo hay que encender la televisión y ver los anuncios.

Viendo los exclusivos de One y PS4 para 2018 me cuesta mucho pensar que Microsoft vaya a pelear el primer puesto con Sony en esta generación, y creo que Microsoft haría bien en ir pensando en adelantarse para la siguiente, porque esta la tiene ya bastante perdida.

 

Sony, más aciertos que fallos

Que Sony se equivoca también es un hecho, pero igual que creo que Microsoft “se pasó de lista” tras el éxito de Xbox 360, Sony aprendió de los errores de PS3 con un mensaje bastante claro, una consola de precio ajustado, que no necesitaba un super procesador de 14 núcleos, y facilitando la vida a las desarrolladoras con una arquitectura cercana a los PC y kits de desarrollo simples, para que los estudios le sacaran rendimiento rápido.

La ventaja en ventas inicial fue demérito de Xbox One, porque Sony no es que hiciese gran cosa al principio, de hecho su catálogo inicial tenía más luces que sombras, sólo Infamous Second Son daba la talla, Killzone Shadow Fall no pasaba del notable y Driveclub empezó fatal y estaba a años luz de la saga Forza.

La cosa mejoraría algo en 2015 con Until Dawn y Bloodborne, pero los detractores de Sony tendrían motivos para la burla con No Man Sky o The Order 1886… al primero se lo comió el hype y las promesas incumplidas, y el segundo se venía muy bonito pero era simple y corto como él solo. Fue un año flojo en cuanto a exclusivos, reconocido por la propia compañía, pero Microsoft no lo aprovechó y 2016 ya fue muy distinto con la llegada de Uncharted 4: El Desenlace del Ladrón, Street Fighter V, Ratchet & Clank o The Last Guardian. Y ya hemos hablado de la artillería de 2017…

También la compañía japonesa se arriesgó con la realidad virtual de PSVR, lanzando un periférico de calidad inferior respecto a su competencia en PC con Oculus Rift y HTC Vive y sin respuesta de Switch y One. Aunque esperábamos un catálogo con más calidad (en forma de más triple A, sabiendo lo que se puede llegar a hacer gracias a Resident Evil 7 o Skyrim VR, por ejemplo) tampoco nos podemos quejar de cantidad y esperemos que la calidad vaya llegando con el tiempo. No se qué futuro le espera a la VR, si la próxima generación seguirá apoyándola o si será otra cosa, y la tecnología está claro que debe mejorar (gafas sin cables y mucha más calidad de imagen) pero algo me dice que si este es el futuro, la experiencia de Sony en esta generación le hará tomar ventaja también más adelante.

El último acierto de Sony con PS4 es lanzarse este año a por el público casual con un movimiento muy inteligente, PlayLink, que se quita de un plumazo la gran barrera de muchos jugadores llamada Dualshock – también conocido por estos jugadores como “ese cacharro con un montón de botones y palancas” – y lo cambia por el teléfono móvil. Hacen falta más y mejores juegos y más promoción, igual que a PSVR, pero la idea es muy buena y seguro que ayuda a PlayStation a vender unos cuantos millones más.

Camino libre hasta PlayStation 5

La estrategia de Sony para estos próximos años tendría que ser sencilla, seguir cuidando a sus estudios para que sigan lanzando buenos juegos y mantener un buen ritmo de exclusivos, aprovechar su posición de poder y sus cifras para comprar exclusividades de equipos que no sean de su propiedad y lograr vender PS4 por debajo de los 200 euros, una cifra psicológica para muchos.

Pueden ir pensando en lo que incluirán en PlayStation 5 – seguro que ya llevan tiempo haciéndolo – y aunque para la llegada de la nueva consola al menos faltan un par de años (apostaría más por 2020 que por 2019) los números le irán diciendo a Sony lo que tiene que hacer y cuándo hacerlo.

De momento esos mismos números nos dicen a todos que PlayStation 4 es la ganadora de esta generación, y mucho tiene que cambiar la cosa para que no termine así. A PS4 le queda mucha tela que cortar, está en su mejor momento, nos queda Death Stranding, The Last of Us 2, Spider-Man, Days Gone, DETROIT: Become Human, Kingdom Hearts 3 o God of War, por citar algunos.

Juegos, juegos y más juegos, si Sony sigue a pie juntillas ese eslogan de “para vosotros, jugadores” va a terminar con una PS4 superando los 100 millones de consolas y ya veremos donde acaban Xbox One y Switch. Rematadamente mal tendrían que hacer las cosas en Tokio para no ser los ganadores de esta generación a la que aún le quedan años por delante. Y no hay que ser muy sonyer para darse cuenta de ello.