La primera plataforma propia que tuve, tras mamar de la teta del Spectrum de mis primos, fue un ordenador, concretamente un maravilloso Amiga 500, aunque siendo justos funcionaba más bien como una consola de juegos. Después cayó la Game Boy, que yo recuerdo tenía todo quisqui. Luego cometí el error que todo jugón debe experimentar en sus carnes para hablar con propiedad, comprando un sistema abocado al ostracismo como fue mi querida Atari Lynx. Siguió la Megadrive, poco después la Super Nintendo y, si no recuerdo mal, fue entonces cuando me compré un PC para jugar.

En esa época yo no entendía mucho de hardware y sólo sabía que la Megadrive iba a 8 Mhz y los últimos Pentiums, que estaban tan de moda, ¡alcanzaban los 133 Mhz! Y si ya hablamos de los megas que ocupaban los juegos, apaga y vámonos. La comparación entre consolas y PC, llevada a números, era apabullante en todos los aspectos, así que no se me ocurrió nada mejor que comprarme un ordenata para jugar, y encima yendo de sobrado.

En aquella época existía una tarjeta gráfica, la Monster 3D, que tenías que añadir junto a la ya instalada y funcionaba exclusivamente como una aceleradora. Fueron los albores de lo que hoy son todas esas súper tarjetas de NVIDIA y tal, cuando los estándares Direct3D y demás ni siquiera existían.

Los ordenadores me acompañaron durante unos años en que cambié la gráfica, cambié la RAM, cambié el micro y, bueno, de hecho lo cambié todo varias veces. Y si tengo algo muy claro, queridos lectores, es que para jugar me quedo de largo con una buena consola. Así que volví a la senda con PlayStation, que compré con cierto retraso pero muy agradecido de meter el disco y olvidarme de todo. Tal es así que hasta ahora no se me ha ocurrido volver a tocar un PC para jugar ni con un palo, salvo para emuladores y viejas glorias.

Bueno, miento: me compré un portátil entre la PS2 y la PS3. Me mudaba, necesitaba un ordenador y me dio por un portátil. Era de gama media, pero recuerdo haber tenido que poner Oblivion (que ya entonces contaba por lo menos un año) a una resolución de 640×480 píxeles para que fuera medio decente, y eso que mi nuevo equipo tenía no se qué GeForce. Vale, no era un PC gamer, pero… 640×480 en un ordenador recién comprado, ¿en serio? Estuve dos horas toquiteando las opciones gráficas para llegar a esa desalentadora conclusión. Ése fue mi último escarceo con los PC para jugar amigos: Oblivion yendo a pedales en un equipo recién comprado.

Al PC (el primero, no el portátil) debo agradecerle que me enseñó a manejarme con la informática, incluso más de lo que hubiera querido. Me lo compré cuando no tenía ni idea y, efectivamente, eso no era como el Amiga 500. Tuve que escuernarme para salir al paso y dejarlo todo bien instalado, porque me lo dieron tal cual, y me convertí en un usuario bastante competente, lo que me ha venido muy bien. Pero para jugar…

Éste es uno de los combates más acérrimos del panorama “videojueguil”, que supera incluso a la guerra de consolas. En Sonyers teníamos que hablar de ello algún día. Y como tampoco quiero enrollarme y escribir una novela, a riesgo de levantar toda clase de rencores voy a deciros, punto por punto, por qué pienso que una consola es mejor que un PC para jugar, usando los argumentos como bandera. Son los siguientes:

1- Por algún extraño motivo, todo el que tiene PC cree poseer un modelo de dos mil euros, eso lo primero. La realidad es que mucha gente tiene ordenadores que petardean de lo lindo, o que, para no hacerlo, deben estar configurados al mínimo. En un sondeo de Steam, hace dos o tres años, se descubrió que la mayoría de peceros ni siquieran jugaban a 1080p. Pero oye, esta gente debe sentirse parte de una gran familia clónica, nunca mejor dicho. Todos los consoleros, por el contrario, juegan perfectamente a todos sus juegos.

2- ¿Por qué petardean algunos ordenadores, si aparentemente son más potentes que las consolas con las que conviven? Porque los juegos en PC no suelen estar bien optimizados, y los desarrolladores tiran de hardware, es decir de potencia bruta. No ocurre lo mismo con las consolas, donde una arquitectura cerrada obliga a optimizar el código hasta límites insospechados. Nunca olvidaré God of War II en PlayStation 2, prácticamente de nueva generación en una consola con siete años a sus espaldas señores, siete años que se dice pronto. En ese tiempo un PC se transforma en una carraca.

3- En consola metes el disco y te pones a jugar. No hace falta estar midiendo con qué opciones gráficas el juego de turno va mejor o peor, y cómo sacarle el mayor rendimiento, si con el antialiasing tal o con el filtro cual. No tienes que editar archivos INI ni tocar scripts, tratando en vano de aplazar ese inevitable cambio de hardware que ya toca. Algunos llaman a esto “salsear” y hasta lo disfrutan. Me parece muy bien, mientras tanto los consoleros JUGAMOS.

4- Te compras una consola y sabes que, hasta que no aparezca la siguiente generación, te sirve desde el primer hasta el último día sin tener que actualizar componentes.

5- Por descontado, en proporción a su potencia, las consolas suelen tener precios más ventajosos que los PC. PlayStation 4 se ha vendido por 250 euros en black friday y bajando. Sería curioso ver qué puede hacer con los juegos un ordenador del mismo precio.

6- Las consolas están siempre a punto de forma transparente. No tienes que buscar no sé qué drivers beta porque van mejor con tal o cual título, pasar el antivirus porque parece que el juego de turno va mal, cerrar tareas porque si no salta el no sé cuántos, defragmentar el disco duro porque tal aplicación tarda en cargar, ni ya puestos reinstalar todo el equipo porque algo raro e incomprensible ha pasado y va de pena. Y cualquier pecero debe reconocer que ha hecho todo esto… varias veces.

7- En consola cuentas con juegos exclusivos no ya adaptados a un hardware cerrado, sino a una arquitectura específica, resultando a todas luces impresionantes para la máquina donde corren y siendo, en secreto, el sueño húmedo de muchos peceros master race. Observar la reacción de gente con ordenadores de mil pavos al enseñarles The Order 1886Uncharted 4 o Horizon Zero Dawn siempre es fascinante, pero esperad a que vean God of WarDetroit: Become Human o The Last of Us 2.

8- Las compañías se centran en el desarrollo para consolas porque tienen una base de clientes potenciales enorme. Los juegos a menudo no sólo se hacen pensando en las consolas, sino que hay decenas de casos de títulos que, en su adaptación a PC, se apañan deprisa y corriendo.

9- Añadiré como última razón los sistemas de realidad virtual. Los peceros se han desgañitado difamando PSVR, describiendo las gafas de Sony como un juguete. Es comprensible, cuando ellos gastaron más del doble en las suyas y todavía no han catado Resident Evil 7, unánimemente considerado como el mejor título de realidad virtual. Dejando de lado que la calidad de PSVR no dista mucho de las otras, e incluso en algunos aspectos las supera, al final de lo que se trata es de juegos. Ahí está Bethesda y sus incursiones en la realidad virtual, consideradas como las grandes promesas de los triples A: de la maravilla que ha sido adaptar Skyrim VR a PSVR al despropósito de Fallout 4 VR en HTC Vive, una versión completamente descuidada que por si fuera poco pide entre los requisitos mínimos una GeForce GTX 1070 de más de 400 euros. El futuro de la realidad virtual pasa ahora por PlayStation VR, es decir, por una consola.

He ahí mis nueve razones amigos. Siendo honestos, es menester decir que algunas de ellas se reforzaban aún más en el pasado. Hubo un tiempo, queridos lectores, en que las consolas ni siquiera contaban con DLC, actualizaciones del sistema operativo, parches ni nada de nada, y aún así funcionaban a las mil maravillas. Eso por no hablar del reciente experimento con Pro y One X, consolas inter-generacionales que nadie demandaba y que rompen un poco la idea de una generación, una máquina.

Aún así y pese a la peligrosa deriva del mundillo consolero, de momento las razones expuestas siguen vigentes, y éste es el principal motivo por el que yo, sin duda, elijo una consola para jugar. Si llega el día en que ocurre como con los teléfonos móviles, y tenemos una revisión de consola cada año, y los juegos empiezan a venir con opciones gráficas para adaptarlas a cada una, y cada vez llegan más parches y actualizaciones del sistema y gaitas, puede que entonces yo mismo regrese al mundo de los compatibles. Al menos ahí eres tú quien decide cuándo pasar por el aro.

Está claro que los PC tienen otras virtudes, tampoco vamos a ser aquí unos fanboys del quince. Pero son ventajas que a mí no me compensan: ¿gráficos muy superiores en equipos a precios aún más superiores? ¿Mods supuestamente increíbles que, si no tienes cuidado, arruinan la idea original del juego? ¿Precios de los títulos más asequibles a cambio de malas optimizaciones? ¿Online gratuito…? Vale, ahí me habéis pillado.

En cualquier caso, la mayor ventaja de los ordenadores sobre las consolas es que sirven para muchas más cosas, por eso ahora mismo escribo estas líneas desde un PC. Por eso todo el mundo tiene un ordenador, incluso los que decidimos no usarlo para jugar. Para nuestro querido vicio yo elijo las consolas. Quizás otro día os cuente por qué, dentro de éstas, escojo concretamente la familia PlayStation, que de momento nunca me ha fallado y me parece, muy de largo, la mejor y más estable marca consolera desde que existen estas preciosas maquinitas.